ESCRIBO ESTE BLOC DESDE LA PERSPECTIVA DE UN MUNDO DE LUCES Y SOMBRAS QUE NOS PERMITE DISCERNIR EL CAMINO DE LA LIBERACIÓN, Y QUE NOS OFRECE OPORTUNIDADES PARA UN ENTENDIMIENTO QUE TRASCIENDA NUESTRAS DIMENSIONES TERRESTRES.

domingo, 12 de febrero de 2012

Puerto Rico: la Isla que no existe ¿o el país que se extingue?




Hace poco una mujer con nombre y apellido en español o “hispanic” como dirían “allá fuera” publicó una artículo sobre Puerto Rico con el título de Miedo y hastío en la Isla que no existe (Fear and Loathing in the Island tha Doesn’t Exist), que se puede leer en  http://www.huffingtonpost.com/monica-gutierrez/fear-and-loathing-in-the-_b_1219442.html

Lo que dijo no produjo mucho revuelo. Pienso que en parte porque no le hacemos mucho caso a una apreciación de otro “extranjero/a” que visita o vive en Puerto Rico, que consideramos incapaz de adentrarse en nuestra realidad. Además, hablar mal de un país que sus “nacionales” quieren que se extinga para convertirse en una "etnia" más del “mosaico” norteamericano va con la mentalidad dominante.
 
El escrito me pareció en términos generales estereotipado muy en el ámbito sobre cómo escriben la mayoría de los extranjeros y muchos puertorriqueños que no evidencian reflexiones más o menos serias. Generalmente escriben superficialmente y con aversión. El loathing que utiliza en el título, y que se define como aversión, repugnancia o hastío, refleja el sentir de la autora hacia Puerto Rico donde reconoce tiene raíces y es un rasgo que también se observa en mucho de los “nacionales” de la “banda de allá”, descendientes de la mitad de la población que “emigró” forzosamente u optaron por irse a vivir en la “estadidad”.


La autora comienza diciendo que no es un país lógico. Recurre al tema del tamaño de la Isla – el famoso 100 x 35 – que ha crecido en vez de decrecer como le está ocurriendo a otras islas-países en el mundo que han perdido costas a causa del calentamiento global y la crecida de los mares. Insinúa entonces que somos tan ilógicos que ni siquiera la lógica natural nos aplica.


No hay duda de que somos un país con una gran imaginación. Hasta hemos creado una versión “nacional” para acomodar el proyecto colonial norteamericano y le hemos dado el nombre rimbombante de Estado Libre Asociado. Para esto hemos tergiversado los eventos históricos para creernos de que no estamos sometidos a los poderes de Estados Unidos. Uno de nuestros cuentos oficiales dice que lo que ocurrió es que renunciamos a esos poderes en un convenio con los americanos en el que negociamos una moneda, ciudadanía, mercado y defensa común en unión permanente. Convenio que no existe en ningún lugar y nunca ocurrió pero que gran parte del país se lo cree.


Mucho me costó aprender de mis padres que la realidad se niega y se construye a conveniencia y que ese rasgo jaiba es fundamental para nuestra supervivencia. Así somos. Por eso nuestra cotidianidad es siempre interesante. Nunca me aburro, por ejemplo, ir a un supermercado y observar mi gente. Más hoy día cuando casi todos hablan o tratan de hablar en inglés y el ¡Oh my God! hace rato que destronó al ¡Ay Bendito!


Así que negamos lo evidente en una manera tan pasmosa que cualquier psiquiatra que no fuese puertorriqueño quedaría maravillado. Por algo somos uno de los vértices del triángulo de las Bermudas y tierra natal del chupacabras. Y sobre fantasmas y espíritus – no creemos en ellos pero ¡de que los hay, los hay!
 
Lo que dice la autora sobre el país lo refuerza con otra versión sobre las supuestas expresiones, que hace años corren por las redes, de lo que Gabriel García Márquez dijo sobre Puerto Rico. Y es que también le dijo a ella en un curso sobre periodismo que tomó en el 1995, que no aceptaba la invitación a visitar Puerto Rico, y que nunca lo haría porque sabía que la Isla estaba más allá de su realismo mágico, lo que afectaría adversamente su oficio [de escritor]. Este cuento sobre García Márquez, no creo que es para aspavientos, pues es otro extranjero más que no nos entiende y que decidió no visitarnos, lo que me parece bien. ¡Qué pena que tantos otros, escritores o no, no hubiesen hecho lo mismo!


Pero a nuestra autora las palabras de García Márquez la espantaron al punto que decidió dejar de tratar de entender el país, aceptarlo como “otra cosa”, no tener expectativas con  él, reconciliarse con su surrealismo, y verlo con mente abierta y reto intelectual lo que no creo que ha logrado con su escrito.


Así que a pesar de haber visitado varias veces al país, pues tiene amigos y familiares, la autora aún no ha entendido que la obsesión de los puertorriqueños con el tamaño de la Isla más grande de su pequeño archipiélago es que en el coloniaje siempre se ha insistido que el país es tan pequeño, tan pequeño, que sin otro país mucho más grande, como, evidentemente, los Estados Unidos, jamás hubiésemos sobrevivido. Así convenció el último gobernador norteamericano Rexford Tugwell a Luis Muñoz Marín el padre-madre del proyecto colonial vigente, sobre quien estoy convencido que si no lo exorcizamos nunca podremos encaminarnos verdaderamente hacia nuestra liberación.


Recuerdo que aprendí de las maestras en la escuela privada a la que asistí cuando niño que Puerto Rico es un puntito en el planeta- “A very tiny little spot” como nos decía Miziz Vinegaz como pronunciaba su apellido – Venegas- la 100% American, horrible (física y mentalmente) e incompetente maestra de historia de Puerto Rico. Además, Puerto Rico cabe trece veces en Cuba y en Estados Unidos, ni hablar, todo allí es más grande, mucho más, al punto que un puertorriqueño de la Florida en una ocasión propuso que nos incorporáramos como parte de unos de los “counties” de dicho estado.


Así que aún persiste en la psiquis de los puertorriqueños un sentido de inferioridad, pequeñez e indefensión al punto que muchos se han creído y se creen, verdaderamente, que algún día la Isla caerá y se hundirá en el mar, entre otros tantos miedos irracionales, pero entendibles, como la estupidez de que “Fidel quiere a Puerto Rico”, que tanto aprovechó el exilio cubano en la usurpación de espacio y poder en el país, o que Al Caeda tenía en su mira al Barrio de Palma Sola de Canóvanas, donde “nació” el chupacabras y se organizaron cuadrillas para cazarlo por su famoso alcalde Chemo Jones, según me contó aterrorizado un vecino a raíz de los ataques a las Torres Gemelas.


Aún se escuchan en la radio expresiones como qué sería de nosotros sin los norteamericanos. Muchos piensan que correríamos la suerte de Cuba, Haití o Santo Domingo, típica expresión del miedo colectivo que mantienen y aprovechan los extranjeros para dominarnos. Y sobre la súper minoría que queremos la independencia nos endilgan que criticamos a Estados Unidos, pero aceptamos sus dólares. Es decir, que en el fondo hasta los independentistas nos prostituimos por los dólares americanos y los beneficios de la ciudadanía sin la cual no podríamos vivir mientras el resto del país se prostituye enmascarando su prostitución con loas, estatuas de mal gusto de presidentes frente al Capitolio y gritos de aleluyas, entre otras cosas.


Pero volvamos a nuestra autora. Luego de mencionar los evidentes contrastes del país y decir que en la realidad todos son matices y nada es blanco o negro pasa a afirmar que el país sufre de “polarizaciones extremas” y ofrece como ejemplo que en Puerto Rico los negros se definen a sí mismos como blancos.


Al día de hoy no he conocido a un negro puertorriqueño que se defina como blanco. Quien define como negros a trigueños o mulatos es la autora que evidentemente refleja la clasificación racista norteamericana impuesta en Puerto Rico. Ella habla de los matices en la realidad pero no se dio cuenta de la variedad increíble de colores que racialmente tenemos los puertorriqueños. La clasificación racial norteamericana no considera por ejemplo que Obama fuese mulato o trigueño, como se consideraría en Puerto Rico si fuéramos más nación que ahora.. En Estados Unidos una gota de sangre negra te hace negro, “african american” o “black”, lo que es Obama, cuando en realidad, es hijo de una blanca y un negro – mestizo o mulato en puertorriqueño antiguo.


Lo que está ocurriendo entonces gracias a la influencia racista norteamericana es tratar de definirnos racialmente en “extremos”. La tolerancia a los matices raciales que siempre hemos tenido y que corresponde a nuestro mestizaje, ahora bajo la influencia insana norteamericana se ha erosionado y tratamos de definirnos racialmente recurriendo a las categorías extremas norteamericanas que no valoran el mestizaje.


Es incoherente entonces que a su mal pensada observación la autora le añada el comentario de que los puertorriqueños en Estados Unidos, aunque sean blancos, son considerado “gente de color”. Es decir una gota “Rican” te hace “Colored” en el “American Dream” y por consiguiente no eres blanco. No he vivido en Estados Unidos por más de tres o cuatro meses en diversas ocasiones pero mis breves estadías me enseñaron que allí eres “latino”, “hispanic”, clasificaciones globales, estereotipadas y extremistas, característico del racismo del país.


No creo que exista un ritual mayor al consumo en el mundo que el famoso Viernes Negro norteamericano o Black Friday con el que se inaugura la temporada de compras navideñas con grandes rebajas. Se celebra un día después de Acción de Gracias, que es el cuarto jueves del mes de noviembre. Recuerdo las imágenes de ese día en los noticieros antes de que se incorporase al calendario consumista puertorriqueño.


Este ritual de compras desenfrenadas, de gente pernoctando frente a entradas de tiendas esperando su apertura al amanecer, de estampida de ganado humano desbocado, mamuts en celos, empujándose y abalanzándose sobre mostradores o enseres ya se ha cobrado la vida de una . No sé si fue este año que la espantada causó la muerte a causa de asfixia por aplastamiento a una mártir del consumo.


Esta invención del vicio y desenfreno en el consumo es de la nación que más consume en el planeta, incluyendo drogas, por supuesto, y que su consumismo antropofágico es una de las razones para su deuda externa y desbalance en su balanza de comercio – Estados Unidos.


No hace mucho que hemos heredado el ritual especialmente en las megatiendas norteamericanas en Puerto Rico. Para alivio a nuestro sentido de inferioridad ahora tenemos nuestras estampidas nacionales que acompañan nuestro vicio por la comida basura que también hemos incorporado a nuestra dieta.


Así que gracias a la influencia del consumo nauseabundo norteamericano hemos logrado una gran cantidad de gente con serios problemas de gordura. Mujeres y hombres de todas las edades cargan con sus barrigas por las calles del país en una epidemia insana alimenticia. Somos probablemente uno de los países en el mundo con más tienda de comida chatarra principalmente norteamericana por milla cuadrada.


¿Cómo es posible entonces que la autora diga que los niveles de consumo de la sociedad puertorriqueña son nauseabundos, si lo que hemos hecho es incorporar a nuestra cultura el consumo norteamericano y llevarlo a su esplendor? Pero la oración no termina ahí, dice, que somos así y ni siquiera producimos nuestros propios productos.

La autora cree que la mayoría de la gente piensa que sembrar es denigrante y lo natural no es cultivar la tierra sino adquirir los productos enlatados por lo que en cuestión de semanas el país quedaría desabastecido en caso, que por alguna razón, no lleguen los cargamentos de alimentos a nuestros puertos. 


No dice que el sistema político y económico de Puerto Rico está diseñado para impedir el desarrollo de una economía nacional y responde a los interese de la economía de Estados Unidos por lo que no es rentable el negocio de la agricultura como muy bien saben aquellos pocos puertorriqueños amantes y dedicados a la agricultura que apenas pueden substituir con la siembra.


En lo que acierta es cuando dice que en las clases alta del país observa un extraño orgullo que surge de no tener dominio sobre el país y de ignorar su cultura e historia mientras que los puertorriqueños de las clases más bajas mantienen una “identidad isleña” que transmiten de generación en generación. Hay mucha verdad en esta apreciación, pero habría que matizar.


Como también es muy cierta la descripción del crimen que hace y el habernos convertido en una corrupta narco-colonia de lo que hablo en A dos años de la muerte de Horacio Matos de Jesús, el cuasi estado narco http://www.mundoclaroscuro.com/2011/12/dos-anos-de-la-muerte-de-horacio-matos.html También reconoce el coloniaje a que hemos sido sometidos y los experimentos genocidas de los que también hablo en Experimentos genocidas con humanos de Estados Unidos en Guatemala y Puerto Rico http://www.mundoclaroscuro.com/2011/08/experimentos-genocidas-con-humanos-en.html


Dice también que estamos locos, lo que demuestra el hecho del alto consumo de anti psicóticas que tiene que ver no sólo con los veteranos de las guerras, sino también a causa del coloniaje. Verdades que también pueden sostenerse pero que requieren ser matizadas.


Habla de la policía corrupta de lo que también comento en varias instancias en el blog y de los escombros humanos que vemos a diario en las calles, adictos y adictas, prácticamente desahuciados por la sociedad. ¡Una verdadera tragedia!


Para terminar, y lo mejor de la autora, es que reconoce que Estados Unidos es parte del problema político y cultural del país y piensa que, por ejemplo, el narco-estado, y los asesinatos podrían ser el catalítico que haga que los puertorriqueños “nos paremos en nuestros dos pies para ser nosotros mismos”. Dice que no cree que los Estados Unidos invitarán al país a integrarse como otro  estado federado -el 51- de su Nación, pues no cree que negarse a sí mismo como pueblo es la solución para esta “otra cosa”.


No creo que la narco-colonia será el detonante que hará que los puertorriqueños se definan finalmente, aunque en algunos momentos consideré esa posibilidad. Sí creo que como pueblo hemos ido extinguiendo en todo lo que hemos podido aquellos rasgos que entendemos nos distinguen del “americano” como una manera de integrarnos como estado o mantener la unión permanente colonial, gracias a una ciudadanía americana que a más del 85% no sólo le interesa mantener, sino que muchos la han convertido en rasgo de identidad.

Recuerdo que una estudiante me dijo en una ocasión que estaría dispuesta a cambiar idioma y cultura por un puesto en la Autoridad de Energía Eléctrica, de los mejores remunerados del país. Así que la pregunta es, si una vez los puertorriqueños han extinguido, si es que lo logran, su nacionalidad y se han convertido en otra etnia más a la norteamericana, y el “American Dream” se convirtiera en una pesadilla por los mismos problemas económicos de Estados Unidos, ¿qué harán?