Escribo este blog desde la perspectiva de un mundo de luces y sombras que nos permite discernir el camino de la liberación y nos ofrece oportunidades para un claro entendimiento de la realidad.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Conflictos de identidad, elecciones y plebiscito en Puerto Rico



                                                                 Bandera de Lares


El cuadro de la La libertad guiando al pueblo de Delacroix en el museo del Louvre presenta una mujer fuerte, hermosa y valiente con un seno al aire cargando en un palo la bandera francesa sobre los cuerpos de hombres muertos en batalla. Me hizo pensar sobre el pueblo francés. Este cuadro, conjuntamente con otros, que podía interpretar en contextos políticos, trajo a mi mente algo que consideré importante con respecto a la identidad de los pueblos y las personas.

Observaba también, como es natural en museos europeos, pinturas con temas cristianos. Ejemplos sobresalientes son la pintura de Ribera, El Spagnoletto, de la Virgen con el niño en los brazos o Cristo descendido de la cruz, muerto, rodeado de la Virgen y algunos apóstoles, así como los cuadros de un Cristo quijotesco, alargado, como son representadas las figuras de El Greco, hermosas pinturas sobre la muerte de un dios que resucitará y abrirá el camino salvador.

Estas pinturas de cristos y mujeres libertadoras representan lo trascendental y auténtico de los pueblos y culturas. Expresiones perennes de lo extraordinario del carácter nacional. Representaciones de creencias que trascienden la vida y la muerte, como la libertad o la salvación. Manifestaciones culturales a través de las cuales las personas y los pueblos conectan en sus consciencias y de manera muy clara el tema de la liberación. 

En Puerto Rico, el nacionalista Pedro Albizu Campos entendió lo importante de las gestas libertadoras y los símbolos relacionadas a éstas, y cómo éstos se manifiestan en la conciencia e identidad de los pueblo. El discurso de Albizu iba entonces dirigido a rescatar la gesta del Grito de Lares, la insurrección puertorriqueña en contra del régimen colonial español del 23 septiembre de 1868, como evento en el cual se consolida la nacionalidad e identidad  puertorriqueña en un contexto histórico político. Por eso su discurso iba dirigido, principalmente, a resaltar los elementos de cultura y civilización que distinguían a los puertorriqueños como pueblo auténtico.

Pero la realidad es que Lares no consolidó la nacionalidad y la identidad del pueblo puertorriqueño como tampoco lo logró el mismo Albizu con su insurrección nacionalista. Estados Unidos y el gobierno de Luis Muñoz Marín triunfaron en inculcar en la conciencia de la inmensa mayoría de los puertorriqueños a Albizu como terrorista y loco, y a todo tipo de puertorriqueñismo que trascendiera el deporte y las expresiones artísticas como una amenaza al “bienestar”.

El ADN de la sujeción fue injertado exitosamente en los puertorriqueños como parte del proyecto colonial de Commonwealth/ELA, en lo que no sé si en la colonia más antigua del mundo, como decía Trías en sus reflexiones de decrepitud, pero, ciertamente, en uno de los proyectos coloniales, de antídoto anti nacional, de disolución de elementos de  identidad, más exitoso del mundo.

Como dice entonces la bellísima canción, "Cuando un amor se va, qué desesperación...pero hay que saber perder... pues lo mismo pierde un hombre que una mujer", es lo que aflora en mi mente al enfrentarme a la imposibilidad de un amor patriótico, pues es muy difícil para mí identificarme con la destrucción de los cimientos de nuestra nacionalidad, que es lo que se busca en un intento de transformarla y acomodarla al mejunje estadounidense.

No me interesa en lo que nos hemos convertido como pueblo, y luego de más  de treinta años de "maestro" no tengo mucha esperanza en las nuevas generaciones, y mucho menos en una izquierda poco reflexiva con respecto a la sujeción política y enredada con conceptos como la lucha de clases, la que separan muchas veces de la realidad de sometimiento político.

Escribo esta reflexión desde España cuando pienso de vez en cuando en estos temas que relaciono, entre otras cosas, con nuestra identidad y cómo ha sido representada recientemente en espacios públicos. Lo que estoy pensando desde este hotel en la bellísima Sevilla es en lo que debió ser una controversia, que no lo fue, pues para serlo había que tener una nacionalidad fuerte y clara. Me refiero a las construcciones monumentales en el Capitolio y sus alrededores.

Recuerdo que al comienzo de este gobierno de aversión al desarrollo de una nacionalidad que no sea “americanizada”, extranjerizante y "aguaynabada", apareció en el periódico principal del país la noticia sobre unos murales de historia política puertorriqueña ordenados por la Legislatura para ser colocados en el Capitolio, no sé dónde. Lo que leí fue que el mural fue objetado porque incluyó al nacionalista Pedro Albizu Campos. La noticia no trascendió mucho y no recuerdo más detalles.

Recordaba también en cómo burdamente los presidentes de Senado y Cámara del abrumadoramente electo gobierno construyeron plazas, levantaron estatuas y cincelaron en inglés y español en los frisos del Capitolio frases no provenientes de la autenticidad libertadora puertorriqueña, sino de la sujeción y acomodo a la pluralidad étnica e intrascendente "americana". Monumentos dirigidos a representar la sujeción y la negación de cualquier indicio de nacionalidad, que de alguna manera pudiera traer a la conciencia de cualquier puertorriqueño lo auténtico y liberador fuera de un contexto estadounidense.

El pueblo había escogido en las últimas elecciones y por mayorías históricas a los representantes de la negación y aversión a lo nacional. Lo que podríamos llamar lo étnico, lo "hispanic", lo que nos acomoda no a lo multinacional dentro de Estados Unidos, sino a lo que nos diferencia solamente un poco dentro del mejunje multiétnico de lo "americano".

Así que se construyeron estatuas tiesas y espantosas en la acera frente al Capitolio de presidentes de Estados Unidos que habían "visitado" a Puerto Rico. Ese era el criterio de lo "trascendental". A manera de ejemplo, el Presidente Obama, quien visitó a Puerto Rico unas horas durante su campaña pasada para llevarse un botín en dinero de los "demócratas puertorriqueños¨ y comerse un emparedado con el Presiente del principal partido de oposición, neocolonial y asimilista light, se "ganó" su estatua tiesa en el "pasillo" de lo pseudo trascendental, sólo por esta inconsecuente visita desde una perspectiva histórica.

Pero no fue lo único. El culto, no a una fuerza libertadora, sino mas bien a la violencia institucionalizada, que muchas veces se manifiesta en la policía, y las fuerza armadas que recluta más puertorriqueños por sus "beneficios" y carácter mercenario, que por patriotismo, produjo la construcción de sendos monumentos y la ampliación de otros.

Se construyó entonces un Police Monument para honrar los policías muertos en "el cumplimiento del deber", y se amplió el existente para muertos en las guerras e incluir los nombres de los soldados puertorriqueños muertos en Viet Nam y otros conflictos bélicos incluyendo los recientes en Irak y Afganistan, y que vino a ampliar el que ya existía dedicado a los caídos en la Primera Guerra Mundial. Es significativo que para la Primera Guerra es que se  extiende la ciudadanía norteamericana en el 1917, que se ¨concede¨ no con el fin de ampliar derechos y lograr igualdad, sino para garantizar la sujeción en tiempos de guerra mundial, ciudadanía que la mayoría de los puertorriqueños "atesora" y ahora, muchos, la han incorporado en sus  ADN como elemento de personalidad e identidad.

La "mujer puertorriqueña" tampoco quedó fuera de lo "monumental". Ahora mismo se construye su plaza.  Sin embargo no he escuchado ni leído nada con respecto a cómo se sienten las mujeres acompañadas de monumentos a las fuerzas armadas y policías que son en el fondo no, solamente, un culto a la violencia institucionalizada, sino expresiones del machismo guerrero, que no es otra cosa que otra cara de la opresión contra la cual se han levantado las mujeres en sus luchas.

La religión tampoco quedó fuera. Aunque el 30 de mayo de 1972 fueron masacrados en un ataque 17 peregrinos fundamentalistas puertorriqueños en el aeropuerto de Lod en Israel, se construyó un Holocaust Monument con el fin de alinear la identidad con la derecha religiosa afín con el pensamiento republicano norteamericano aliado de la ortodoxia supremacista  judía.

Contrario al protestantismo histórico, que acompañó la invasión norteamericana, dividiéndose el país entre luteranos, episcopales, presbiterianos, etc., y que con el transcurso del tiempo se convirtieron en iglesias puertorriqueñistas, la invasión evangélica fundamentalista que ocurrió, principalmente, a partir de los setentas, ha hecho lo contrario.  Son aliadas “naturales” del partido de la aversión a la nacionalidad, y principal del país, y desempeñan un papel importante en destruir elementos de identidad nacional.

De más está decir que esta alianza viola el principio constitucional de la separación de las iglesias del estado y gobierna en una especie de cuasi teocracia. Junto a sectores asociados al Opus Dei católico y al derechismo cubano libran una campaña de desprestigio e insultos contra el Arzobispo de San Juan por haber asumido posturas puertorriqueñistas.

La identidad que se impone en el Capitolio y sus alrededores es contraria al proyecto original pensado durante la Legislatura del gobierno de Sila Calderón, un gobierno que nunca pudo, verdaderamente, arrancar con un claro norte político. Me refiero a lo que la periodista Cándida Cotto reseñó en un artículo del semanario Claridad de febrero de 2009 bajo el título de El abandono de la Plaza de la identidad.

En el artículo se destaca el hecho que desde marzo del 2006, “se encuentran almacenadas en un depósito de Rhode Island, terminadas en bronce, las esculturas de la Plaza de la Identidad Puertorriqueña…”, obra ordenada y patrocinada por la Legislatura y encomendada al escultor José Buscaglia Guillermety. Es un proyecto del 2003 durante la Presidencia de Carlos Vizcarrondo, cuando tanto la Legislatura como el gobierno estaban bajo el control del Partido popular y la primera mujer gobernadora. Bajo el gobierno posterior y “compartido” con una Legislatura bajo el control del partido anti nacionalidad se hizo evidente la oposición al proyecto.

La oposición a la Plaza de la Identidad es un reflejo, precisamente, de los conflictos de identidad, que hemos padecido por siglos gracias a la sujeción en que hemos vivido como pueblo. Es muy simbólico que esta Plaza hubiese sido sustituida por el Paseo de los Presidentes, que originalmente fue concebido para siete estatuas de presidentes visitantes, aunque hubo que ordenar una octava, la de Obama.  

Más claro no lo pudo haberlo dicho Buscaglia, el artista, ante la oposición posterior de una Legislatura en manos de aquellos que sienten aversión a la nacionalidad. ”¿Qué otra interpretación se le puede dar a los hechos señalados que no sea que,en última instancia, la intención legislativa es desposeer al pueblo de Puerto Rico de su historia y su cultura para sustituirla por otra que no le pertenece por derecho natural? Esto es un asunto más serio de lo que los asimilistas radicales y fanáticos que propician la aludida política pública puedan imaginar. El hecho de que la legislatura de Puerto Rico no permita la entrada y ubicación en Puerto Rico de la Plaza de la Identidad, cuyo contenido representa a la nación puertorriqueña en su dimensión existencial, histórica y cultural, constituye una violación del derecho del individuo y de los pueblos a su cultura”.

Según explicó el escultor, “la Plaza de la Identidad está concebida en un espacio en forma de acrópolis en el lado sur del Capitolio, con un conjunto escultórico y arquitectónico”.

 “Su pieza central es una escultura representativa de las tres etnias y de las tres culturas que componen nuestra identidad y en el fondo un relieve de 320 pies cuadrados de superficie y cientos de figuras y elementos complementarios que relatan el desarrollo histórico y la evolución cultural de Puerto Rico desde la época precolombina hasta el presente”.

“Tendrá 16 tarjas grabadas en acero inoxidable sobre atriles de granito y completa su diseño un texto histórico con las imágenes del friso escultórico. En el pedestal adosado sobre el que descansará el relieve irá grabado lo siguiente: “De tu historia y tu lucha heroica emanan tu dignidad, tu grandeza y tu cultura”. De cada uno de los lados de esta aseveración surgirá una cascada de agua las cuales se unirán, en el río de la historia y el río de la cultura, los cuales a su vez se unirán en un solo cauce alrededor del grupo central”.

“Frente al Al Altar a la Patria se colocará un depósito de granito (omphalos) sellado con una placa de bronce que llevará la siguiente inscripción: “Aquí convergen y se consagran la tierra de todos los pueblos, las aguas de todos tus ríos y de los mares que te circundan bajo el sol de vida Patria ante el juicio de la historia y la memoria del tiempo”. Completa el conjunto arquitectónico una entrada marcada como recinto consagrado, una escalinata de ascenso y otras facilidades complementarias.

Lo que describe Buscaglia ciertamente no es lo que aquellos, que tienen aversión a una nacionalidad puertorriqueña, han contruído en el Capitolio y sus inmediaciones. Los conflictos relacionados con estas construcciones "monumentales" son muestra clara de la lucha entre lo intrascendente y la búsqueda de lo auténtico liberador en la conciencia puertorriqueña.

Además, sirve de marco a elecciones inminentes y a un plebiscito sobre la condición política. Confío en que el pueblo votante le dé un No rotundo a la condición actual de sujeción territorial y a la incorporación de Puerto Rico a la federación norteamericana en el plebiscito, pero dudo que elijan un gobierno que no sea en su esencia “colonial”, pues como pueblo seguimos atrapados en nuestros miedos, aversiones y pragmatismos inútiles.